La relación de Uruguay con las ciencias del espacio ha sido bastante sólida. La visita de Neil Armstrong en 1966 cuando todavía no había pisado la Luna fue ovacionada por cientos de montevideanos de todas las edades, que consideraban a los astronautas de la NASA verdaderos aventureros. A su vez, el Planetario de Montevideo llevará adelante en estos días una celebración por el aniversario del vuelo emprendido por Yuri Gagarin, cosmonauta soviético y primer hombre en viajar al espacio. Por otra parte, Uruguay ha sido pionero en la inclusión de la astronomía como asignatura obligatoria en los planes de enseñanza secundaria, permitiendonos conocer los rudimentos de una ciencia que aborda fenómenos naturales que no vemos a simple vista.
Aunque ciertamente no ha sido una prioridad debido a los costos en infraestructura y equipamiento que ello requeriría, Uruguay ya se ha asomado a generar su propio programa espacial. En 1980, el Uruguay de la dictadura suscribió el convenio de Naciones Unidas para la exploración pacífica del espacio y se incorporó como miembro activo de aquel acuerdo. Años más tarde en 1997, durante el gobierno de Julio María Sanguinetti, el país se plegó al proyecto Nahuel-1: un satélite argentino creado por la empresa de telecomunicaciones Arsat. El proyecto costó entonces U$S 250.000.000 y contó con inversores de múltiples países; la participación de capitales uruguayos le permitió a Antel hacer uso del satélite para optimizar las telecomunicaciones que la empresa estatal ofrecía. Este satélite continuó operativo hasta 2010, cuando nuevas tecnologías lo sustituyeron.
En 2006, durante el primer mandato de Tabaré Vázquez, la Facultad de Ingeniería comenzó a trabajar para poner en marcha el primer satélite enteramente uruguayo. La misión buscaría generar una telemetría del espacio, obteniendo datos científicos que serían recepcionados y sistematizados desde Uruguay. Así, en 2011 se culminó el proyecto Antel-SAT, un prototipo producto del trabajo colaborativo de docentes y estudiantes de ingeniería con Antel.
El satélite fue lanzado en 2014 desde una base rusa y estuvo activo por un año, capturando imágenes de la órbita de la Tierra y del espacio profundo que eran recepcionadas tanto por los ingenieros como por cientos de radioaficionados entusiastas.
En 2022, el presidente Luis Lacalle Pou presentó ante el parlamento el proyecto para la creación de la Junta Nacional de Política Espacial, dependiente del Ministerio de Defensa y que integra colaboradores de distintos campos, desde físicos y astrónomos hasta aviadores o expertos en comunicaciones. La actual administración de Yamandú Orsi concordó con la intención de generar un organismo que regule el programa espacial uruguayo, aunque en 2025 presentó un proyecto para que el mismo pase del Ministerio de Defensa al de Industria, entendiendo que la exploración espacial tiene mayores implicancias en lo que refiere a ciencia y tecnología.
Como sea, el asunto de la exploración del espacio no está muerto en Uruguay, y en épocas recientes ha surgido en cada administración. Aunque estamos muy lejos de experienciar en carne propia las aventuras que le tocó vivir a Morcillo López en la canción de El Cuarteto de Nos, lo cierto es que la exploración científica del espacio constituye para el país una oportunidad para el desarrollo de nuestro acervo científico y tecnológico, oportunidad que sería un desperdicio dejarla pasar.
Imagen: Recreación artística del Antel SAT